Domingo 20 Agosto 2017
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HAN DICHO...

 
 

LA FASCINACIÓN DEL PSICÓPATA

 
 

Ambientada en la Segunda Guerra Mundial este Ricardo III de Eduardo Vasco resulta tan inquietante y actual como Escobar, patrón del mal, la telenovela colombiana sobre el narcotraficante más perseguido de la historia. Amoral como él, solo se guía por una ambición sin límites que le lleva a cometer todo tipo de atrocidades, ya que la vida no es otra cosa que una fantasmagoría urdida por una mente criminal. Para contar esta historia, Vasco ha elegido un escenario vacío solamente ocupado por la pianola (Jorge Bedoya) que ambienta y subraya la acción y una serie de baúles y maletas que serán desplazados por el espacio por los propios actores para configurar las distintas situaciones.

 

Se trata de una de las tragedias shakespearianas más tempranas. Una tragedia que sirve de lucimiento al protagonista: el año pasado Ralph Finnes en el teatro Almeida de Londres, y tantos otros que han pasado por él, sacando a la luz un abanico de facetas, desde el Edmund King hasta Lawrence Olivier pasando por Ian McKellen, quien lo interpretó en la versión cinematográfica de R. Loncraine (1995). En la producción del INAEM y Comunidad de Madrid y Clásicos en Alcalá, Arturo Querejeta lo interpreta magistralmente. Hace un malvado perverso elocuente  y seductor, un político intrigante que se las ingenia para manipular sin descanso, un psicópata que desprecian las mujeres y se burla de los hombres mientras urde un complot en beneficio propio.

 

El elenco ha sido muy bien seleccionado con muchos habituales de la compañía Noviembre Teatro, especializada en obras del de Stratford. Hace un par de años vimos aquí El mercader de Venecia, cuyo protagonista también encarnaba Arturo Querejeta. Esta versión sintetiza lo más importante del drama. Querejeta resuelve situaciones complicadas, tanto la seducción de Ana (Cristina Ardúa), como en la petición de la hija de Isabel (estupenda Isabel Rodes), realizada sobre la escalera del proscenio. Todo el reparto estuvo muy convincente y equilibrado. Charo Amador, como Margarita/duquesa, aunque sin llegar al nivel de locura, pero hábil en modular la voz consiguiendo ciertos matices interesantes.

 

Excelentes interpretaciones también por parte de los dos asesinos (José Luis Massó y José Vicente Ramos), en escenas que descomprimen la acción trágica con su humor. Recuerdan a tantas parejas de asesinos de la historia del cine y del teatro, desde los del Montaplatos, de Harold Pinter a los mismos de Escobar, revelando la banalidad del mal, de la que habla Arendt. Rafael Ortiz destaca con su elaborado Clarence (también Stanley), mientras suplica por su vida en un momento conmovedor.

Una puesta en escena ágil, dinámica, de gran concisión y expresividad, gracias a la pictórica iluminación que entenebrece a los personajes subrayando el gesto y la voz, y haciendo vibrar las palabras del bardo (excelente adaptación de Yolanda Pallín) con una potencia desgarradora. Lorenzo Caprile firma un vestuario sobrio y elegante. El motete “el mundo tiene la cabeza en los pies”, cantado a capella por todo el elenco, subraya el carácter coral de la puesta en escena.

 

Irma Garín

CARTELERA TURIA

(Valencia)

29/03/2017

 
 
 
   MI REINO POR ARTURO QUEREJETA  
 

Las adaptaciones Shakespearianas de Yolanda Pallín y la compañía Noviembre Teatro con dirección de Eduardo Vasco son atractivas siempre, como ya comprobamos en el Principal en Noche de Reyes (2012) y El mercader de Venecia (2015). Por sus textos interesantes, las sobrias escenografías y la solidez de los actores, encabezados por Arturo Querejeta.

 

La última es Ricardo III. Y no es una empresa fácil. Pallín reconstruye la trama del último rey de la casa de York, Final de la teatro logía sobre la historia de Inglaterra de Shakespeare, con una propuesta dinámica, exigente, nada arqueológica, distanciada a lo Brecht, y con toques adecuados a nuestra mentalidad, para reflexionar sobre la ambición extrema de poder. A pesar de inferirle enormes cambios, todos consentido, no pierde el argumento original ni su sentido.

 

El respeto al texto antiguo no es enemigo de la acentuación de los rasgos del personaje o de modificar la estructura con episodios autónomos encadenados hasta el final conocido por el espectador y la famosa frase “mi reino por un caballo” -una muerte del rey bañada de humor cruel- en lugar de acumular en extensos actos como en el original. 

 

El trabajo, dirigido con el estilo y la solvencia habituales de Vasco, suaviza la pureza trágica realzando sus toques desenfadados y su ironía macabra, como en el asesinato de Clarence a manos de dos sicarios bufonescos. El cinismo desmesurado de Ricardo lo aleja mucho de la imagen del malvado tradicional. Hasta resulta simpático con su físico tullido y andar de jorobado, su ingenio, su astucia estratégica, su humor socarrón y su capacidad de seducción por medio de una retórica convincente.

 

La puesta en escena huyes del realismo trágico con eficacia. Los actores forman un coro perfecto ataviado con el vestuario sugerente y simbólico de Lorenzo Caprile (curiosos militares a lo germánico menos en sus cascos). Sorprende el juego en las tablas con maletas y baúles, cubiertos por lienzos blancos en algunos momentos. Su distribución o amontonamiento recrean los distintos espacios originales: palacios, la torre (de Londres), cárceles o el campo de batalla. La iluminación de Miguel Ángel Camacho es hábil con el cromatismo y distribuye focos, sean cenitales o de fondo, para marcar el suceso principal entre grupos de personajes de una misma secuencia.

 

El cinismo canalla de Ricardo III necesitaba un actor asombroso. Arturo Querejeta lo es. Está más brillante que en su anterior papel del judío Shylock en “El mercader de Venecia” y logra una de las interpretaciones más impactantes de la temporada valenciana. No le hace falta ningún elemento para aguantar su andar de jorobado y cojo durante cien minutos.  Sus variaciones de tono apoyan su capacidad para convencer al resto de personajes ya espectador. Su escena con Ana (fenomenal Cristina Adúa) ante el baúl-féretro de su marido asesinado por Ricardo, es un prodigio de dicción de matices sutiles y de entonación de difíciles alteraciones. Es lógico que la seduzca y que ella dude. Y no olvidemos la eficacia orgánica del resto del reparto.

 

Un montaje para recordar. Al público se le grabará el estribillo de la canción que los actores cantan en consonancia con lo percibido: “El mundo está vuelto del revés. Tiene la cabeza donde deben estar los pies”. Véalo, aunque a un enemigo del teatro clásico vivo como Javier Marías no le guste.

 

José Vicente Peiró

LAS PROVINCIAS

(Valencia)

04/03/2017

 
 
 
     
     
     

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